martes, 30 de septiembre de 2014


Amor

El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artístico, científico, filosófico, religioso). De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias. En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto.
En español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico,y hasta la profunda devoción o unidad del amor religioso. En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado del alma o de la mente, identificada en algunas religiones con Dios mismo o con la fuerza que mantiene unido el universo.
Las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. El amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (cine, literatura, música).
Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.
La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo una concepción altruista, basada en la compasión y la colaboración, y bajo otra egoísta, basada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y el mundo espiritual. Ambos son, según la ciencia actual, expresiones de procesos cerebrales que la evolución proporcionó al ser humano; la idea del alma, o de algo parecido al alma, probablemente apareció hace entre un millón y varios cientos de miles de años.
A menudo, sucede que individuos, grupos humanos o empresas disfrazan su comportamiento egoísta de altruismo; es lo que conocemos como hipocresía, y encontramos numerosos ejemplos de dicho comportamiento en la publicidad. Recíprocamente, también puede ocurrir que, en un ambiente egoísta, un comportamiento altruista se disfrace de egoísmo: Oskar Schindler proporcionó un buen ejemplo.

Manifestaciones del amor

En las relaciones de la persona con su medio, el amor se ha clasificado en diferentes manifestaciones; en virtud de ello, pueden aparecer una o más de las siguientes:
  • Amor autopersonal: El amor propio, amor compasivo, es, desde el punto de vista de la psicología humanista, el sano amor hacia uno mismo. Aparece situado como prerrequisito de la autoestima y, en cierto contexto, como sinónimo de ésta. Es algo positivo para el desarrollo personal e indispensable para las buenas relaciones interpersonales, y no debe confundirse con el narcisismo, que conlleva egocentrismo y que coincide con una autoestima baja. Para el budismo, que califica al ego como una mera ilusión de nuestra mente, el amor real, amor compasivo, sólo existe cuando se dirige hacia otra persona, y no hacia uno mismo. Para el psicoanálisis, que, de forma completamente opuesta al budismo, califica al ego como la única realidad, el amor autopersonal siempre es narcisismo, que puede ser, a su vez, saludable o no saludable.
  • Amor incondicional: Es el amor compasivo, altruista, que se profesa sin esperar nada a cambio. El amor espiritual, predicado por las diferentes religiones, es el amor incondicional por antonomasia. El amor maternal, o amor de madre a hijo, se reconoce también como amor de este tipo, y, por tradición, se considera motivado por un fuerte instinto que lo hace especialmente intenso; no obstante, hay también quien cuestiona la existencia de dicho instinto.
  • Amor filial: Entre hijos y padres (y, por extensión, entre descendientes y ancestros).
  • Amor fraternal: En su sentido estricto, es el afecto entre hermanos, aunque puede extenderse a otros parientes exceptuados los padres y los descendientes. Nace de un sentimiento profundo de gratitud y reconocimiento a la familia, y se manifiesta por emociones que apuntan a la convivencia, la colaboración y la identificación de cada sujeto dentro de una estructura de parentesco. Desde el punto de vista del psicoanálisis, el fraternal es, al igual que el amor filial, sublimado, ya que está fundado en la interdicción del incesto.
  • Amistad: Cercano al amor fraternal, es un sentimiento que nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. El amor al prójimo nace a su vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y tolerar, y constituye la abstracción de la amistad. Para Erich Fromm, dicho amor al prójimo equivale al amor fraternal y al amor predicado en la Biblia mediante la frase «amarás al prójimo como a ti mismo».
  • Amor romántico: Nace en la expectativa de que un ser humano cercano colme a uno de satisfacción y felicidad existencial. Este sentimiento idealiza en cierto grado a la persona objeto de dicha expectativa, definida en la psiquis.
  • Amor confluente: Amor entre personas capaces de establecer relaciones de pareja, definido a mediados del siglo XX. Aparece por oposición al amor romántico: no tiene que ser único, no tiene que ser para siempre, no supone una entrega incondicional, etc.
  • Amor sexual: Incluye el amor romántico y el amor confluente. El deseo sexual, según Helen Fisher, es diferente del amor romántico y del afecto (véase su estudio al respecto). Desde el punto de vista de la psicología humanista, el amor romántico —y el amor interpersonal en general— está relacionado en gran medida con la autoestima.
  • Amor platónico: Con propiedad, es un concepto filosófico que consiste en la elevación de la manifestación de una idea hasta su contemplación, que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia. Para Platón, el verdadero amor es el que nace de la sabiduría, es decir, del conocimiento. Vulgarmente, se conoce como una forma de amor en que no hay un elemento sexual o éste se da de forma mental, imaginativa o idealística y no de forma física.
  • Amor a los animales y a las plantas: Nace de un sentimiento protector.
  • Amor hacia algo abstracto o inanimado: A un objeto físico, una idea, una meta, a la patria (patriotismo), al lugar de nacimiento, al honor, a la independencia (integridad). Puede considerarse amor platónico en su sentido filosófico. El patriotismo puede ir asociado a la heroicidad, en cuyo caso constituye un comportamiento de altruismo respecto a su grupo, que en esencia es un comportamiento de egoísmo respecto a otro grupo en la medida en que no se considera al otro grupo de la misma condición.
  • Amor hacia un dios o una deidad (devoción): Suele nacer de la educación recibida desde la infancia, y se basa en la fe. Se considera a Dios como la fuente de todo amor. En la mayoría de los casos, existe la creencia de que, tras la muerte, Dios premiará de alguna forma a las personas que la correspondiente religión considere virtuosas.
  • Amor universal: Amor espiritual que, según diferentes religiones, todas las personas pueden llegar a profesar al medio natural y que los grandes místicos experimentan como expresión del nirvana, éxtasis o iluminación, estados de conexión absoluta con el universo o con Dios. Es una manifestación sublime en la que se eclipsan o confluyen el resto de las manifestaciones. Eckhart Tolle sostiene que el amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente.

    Simbología     

    Desde tiempos inmemoriales, el amor y todo lo relacionado con él se ha asociado con símbolos e iconos. De los que han sobrevivido hasta la actualidad, unos son autóctonos de las diferentes culturas o ligados a las costumbres de determinados lugares geográficos, y otros, con el paso de los siglos, se han convertido en interculturales o incluso universales en el mundo civilizado. Las flores, el color rojo, determinados perfumes o la música romántica, ensoñadora o erótica, son elementos que se repiten en una buena parte de las relaciones amorosas. En el caso de Occidente, los bombones, entre otros detalles, se interpretan en ocasiones con un significado amoroso. De todos los símbolos utilizados, los más característicos en la cultura occidental son el cupido, y, sobre todo, el corazón.

    Cupido


    Cupido en la página 708 de la revista Die Gartenlaube (El cenador, Leipzig, 1894).

    Templo del Amor, que resguarda en su interior una estatua de Cupido. Petit Trianon, Francia.
    La figura de Cupido en forma de putto es una imagen recurrente. En el caso del amor romántico, suele representarse con un arco y unas flechas, las cuales, a menudo con los ojos vendados, dispara sobre las personas, produciéndoles así el enamoramiento.
    El origen de Cupido se remonta a la mitología romana, si bien su figura ya existía en la mitología griega bajo el nombre de Eros, el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad.
    La flecha de Cupido también posee orígenes grecolatinos, y su influencia se hizo notar claramente en la poesía española desde la época medieval, aun sin la aparición del dios Amor. Bajo múltiples nombres (vira, asta, flecha, saeta, tiros, arpón, dardo, espina...), aparece en la literatura medieval, renacentista y posrenacentista con un sentido amoroso que se repite indefinidamente con pocos matices diferentes y mucha retórica. Sin embargo, el tema de la flecha alcanza un plano más elevado, teñido de toques conceptuales nuevos con dimensión trascendente y expresión paradójica, cuando se desarrolla en versiones a lo divino. De éstas, es significativa la narración de Santa Teresa de Jesús en un pasaje del Libro de su vida, en el que cuenta su transverberación en presencia de Serafín.
    A partir del Renacimiento, la figura de los putti llegó a confundirse con los querubines, confusión que perdura en la actualidad. Tanto los putti como los cupidos y ángeles pueden encontrarse en el arte religioso y secular desde la década de 1420 en Italia, desde finales del siglo XVI en los Países Bajos y Alemania, desde el período manierista y el Renacimiento tardío en Francia, y a lo largo del Barroco en frescos de techos. Los han representado tantos artistas que presentar la lista de estos sería poco útil, aunque entre los más conocidos se encuentran el escultor Donatello y el pintor Rafael; dos putti en actitud curiosa y relajada que aparecen a los pies de su Madonna Sixtina son reproducidos con frecuencia.
    Experimentaron una revitalización importante en el siglo XIX, y comenzaron a aparecer retozando en obras de pintores académicos, desde las ilustraciones de Gustave Doré para Orlando Furioso, hasta anuncios. Actualmente son un motivo muy utilizado como representación del amor en imágenes destinadas a la mercadotecnia; tal es el caso de muchas postales de San Valentín.

    Corazón


    Forma de la vaina de silphium según su representación en monedas de Cirene del siglo VII a. C.

    Postal de San Valentín de 1910.

    Primer diseño del Sagrado Corazón de Jesús (Santa Margarita María Alacoque).

    El conocido y peculiar corazón actual.
    El símbolo del corazón es el que más frecuentemente se relaciona con el amor. Cuando aparece atravesado por la flecha de Cupido, simboliza el amor romántico, y es la forma común en la que las parejas adolescentes lo dibujan en los más variopintos lugares para dejar constancia de su amor. También se hace alusión al corazón real o al pecho de los amantes como fuente y receptáculo del amor, y son comunes expresiones como «partir» o «romper el corazón» como sinónimo de crear desamor, «robar el corazón» como sinónimo de producir enamoramiento, «abrir el corazón» como sinónimo de ofrecer amor, y una larga lista con significados en los que los elementos comunes son el amor y el alma.
    El origen del corazón del amor parece ser incierto, y existen diversas teorías. La idea del corazón como fuente de amor se remonta como mínimo a hace varios milenios en la India, China y Japón, con el concepto de chakras como centros de la «energía vital universal», de los cuales el que se encuentra a la altura del corazón se manifiesta, según se afirma, en forma de amor y compasión.
    Respecto al símbolo propiamente dicho, hay quien lo atribuye a una planta originaria del norte de África, conocida como silfio(generalmente considerada un hinojo gigante extinto, aunque algunos afirman que la planta es realmente Ferula tingitana;no confundir con el género actual Silphium). Durante el siglo VII a. C., la ciudad-estado de Cirene tenía un lucrativo negocio con dicha planta. Aunque se usaba principalmente como condimento, tenía la reputación de poseer un valor adicional como método anticonceptivo. La planta era tan importante para la economía de Cirene que se acuñaron monedas con la imagen de la vaina o cáscara, la cual tenía la forma del símbolo del corazón que conocemos actualmente. Según esta teoría, dicho símbolo se asoció inicialmente con el sexo, y, posteriormente, con el amor.
    La Iglesia católica sostiene que la forma del símbolo no apareció hasta el siglo XVII, cuando Santa Margarita María Alacoque tuvo una visión del mismo rodeado de espinas. Este símbolo se hizo conocido como el Sagrado Corazón de Jesús, se asoció con el amor y la devoción, y empezó a aparecer a menudo en vidrieras y otros tipos de iconografía eclesiástica. No obstante, aunque el Sagrado Corazón probablemente popularizase el símbolo que hoy conocemos, la mayoría de los eruditos coinciden en que ya existía desde mucho antes del siglo XV.
    Existen otras ideas menos románticas acerca del origen. Algunos afirman que la forma actual del símbolo surgió simplemente de burdos intentos de dibujar un corazón humano real, el órgano que los antiguos, entre ellos Aristóteles, creían ser el contenedor de todas las pasiones. Un importante erudito sobre la iconografía del corazón sostiene que la imprecisa descripción anatómica que hizo el filósofo, como un órgano de tres cámaras con la parte superior redondeada y la inferior puntiaguda, pudo haber inspirado a los artistas medievales a la hora de crear lo que hoy conocemos como la «forma de corazón».A su vez, la tradición medieval del amor cortés pudo haber reforzado la asociación del símbolo con el amor romántico.
    Los corazones proliferaron cuando el intercambio de postales de San Valentín ganó popularidad en Inglaterra en el siglo XVII. En un principio, las cartas eran simples, pero los victorianos hicieron que fuesen más elaboradas, empleando el símbolo del corazón en conjunción con cintas y lazos.
    Actualmente, el símbolo está extendido por todo el mundo civilizado, y puede encontrarse en los más diversos ámbitos, lugares y momentos, incluyendo los naipes de diversas barajas, como la inglesa, la francesa o la bávara, tapices, pinturas, y como elemento decorativo en objetos cotidianos. También constituye el emblema de la Cardiología.


Quechua (etnia)


Niña con vestimenta indígena en las calles del Cuzco (Perú).
Mujer indígena con llamas (departamento de Cuzco, Perú).
Mujer kichwa (Puruhá), Ecuador, región de Alausí (provincia de Chimborazo, Ecuador).
Quechua de Conchucos (Ancash, Perú).
Andenes en los Andes.
Quechua es un etnónimo empleado para designar a pueblos indígenas originarios de los actuales estados de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y el Perú. El nombre deriva del quechua, familia de lenguas extendido por gran parte de la región cordillerana y relacionada a la cultura incaica.
En Ecuador, en la selva norte del Perú (véase Napuruna y Llacuash) y en la Argentina, se usa la variante fonética quichua .

Demografía

País Población quechuahablante Año del censo Referencia
Argentina 96739 2001 1
Bolivia 2 283 465 2001 2
Chile 6175 2002 3
Colombia


Ecuador 451 783 2001 4
Perú 3 360 331 2007 5

Cultura

Artesanía

El arte textil

Los diversos estudios históricos constatan una tradición textil en los andes que antecede a nuestra era. Las fibras utilizadas por los quechuas tradicionalmente pueden ser de origen vegetal (algodón) o animal (fibras de alpaca o vicuña). Una constante en el arte textil quechua es la considerable pérdida de las prácticas antiguas de teñido en base a tintes vegetales y minerales, cambiando paulatinamente éstos tintes artificiales; a pesar de esto algunas comunidades conservan las tradiciones de teñido ancestrales. Igualmente las técnicas utilizadas en la antigüedad han ido cambiando introduciendo desde la colonia técnicas occidentales como el tejido a pedal, entre otros. El caso del arte textil en Bolivia, Ecuador y Perú fue estudiado minuciosamente por el etnohistoriador ucraniano John Murra.
En las comunidades del Ecuador destacan las chalinas jaspeadas en la ciudad de Cuenca, las alfombras de puntos anudados elaborados en la localidad de Guano, además de los tapices de algodón y los bordados de la provincia de Cañar. La zona de Otavalo tuvo una tradición textil anterior a los Incas con la civilización de los Caras, las tradiciones textiles preincaicas fueron en base al algodón y con la llegada de los incas se introdujo las fibras animales. La tradición textil de Otavalo y la calidad de sus piezas textiles fue la causante del progreso de aquella zona durante el virreinato del Perú. Hacia los años sesentas del siglo XX se inicia una diversificación textil en cuanto a diseños, incluyendo incluso (por motivos turísticos), diseños de inspiración azteca y europeos; teniendo en cuenta que las comunidades kichwas de Otavalo prácticamente monopolizan la producción textil indígena del Ecuador además de ser parte obligada de los corredores turísticos de ese país.
En el caso de los quechuas del Perú, la tradición textil también tiene características particulares que tienen variantes regionales muy marcadas. Jhon Murra afirmó que en el Perú el arte textil era como un sello de identificación entre las comunidades andinas. La comunidad quechua de la isla de Taquile es una de tantos grupos quechuas que destacan por su arte textil, el arte textil de Taquile fue proclamado por la UNESCO como Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la Humanidad en el año 2005 y posteriormente inscrito en la Lista representativa del patrimonio inmaterial de la Humanidad. El arte textil taquileño destaca por el cinturón calendario, que es una pieza de arte textil en donde el tejedor marca los principales momentos de la vida agrícola y comunal de Taquile; el chullo taquileño también es un elemento de particular indentificación étnica pues cada varón desde muy temprana edad aprende a tejer su propio chullo, a su vez los motivos del chullo taquileño indican el estatus dentro de su comunidad.

Discriminación étnica a la población quechua

En la guerra entre el gobierno peruano y Sendero Luminoso en 1980 cerca de tres cuartos de los setenta mil muertos estimados eran quechuas, cuando las cabezas de los bandos enfrentados eran mayoritariamente blancos y mestizos.
Las políticas de esterilización forzada durante el gobierno de Alberto Fujimori afectaron casi que exclusivamente a mujeres quechuas y aimaras, siendo más de 200 000.El director de cine Jorge Sanjines trató el tema de la esterilización en 1969 en el filme Quechua Yawar Mallku.
La discriminación étnica se percibe hasta en los niveles parlamentarios, cuando los recién electos miembros del parlamento peruano Hilaria Supa Huamán y María Sumire tomaban su juramento de posesión en quechua -- por la primera vez en la historia del Perú en una lengua indígena -- la presidenta del parlamento peruano Martha Hildebrandt y el parlamentario Carlos Torres Caro se opusieron a ello.

domingo, 31 de agosto de 2014

Psicología Infantil

Los niños viven un periodo de rápido crecimiento y desarrollo que representa una clara diferencia frente a la relativa estabilidad de los adultos. Además de los cambios físicos asociados con la maduración, existen importantes cambios sociales, cognitivos y comportamentales que tienen profundas repercusiones para la psicopatología infantil y su tratamiento.

La edad se presenta como uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta, en la consideración y pronóstico de una conducta infantil, dado que lo que puede resultar como absolutamente normal en una edad determinada puede que ya no lo sea en otra edad (pelearse, mojar la cama, miedos o actividad sexual). Conductas de este tipo son consideradas de un modo muy distinto y tienen un pronóstico diferente según la edad del niño que las manifiesta. De hecho la mayoría de los síntomas de los trastornos infantiles son comportamientos adecuados, o por lo menos típicos en las primeras etapas del desarrollo (hiperactividad, inquietud e incluso agresión). Por ejemplo, los estudios epidemiológicos de niños normales muestran que los padres informan que aproximadamente la mitad de los niños son inquietos hiperactivos y distraibles; los síntomas más característicos del trastorno de hiperactividad con déficit atencional.
La edad también ha de ser tenida en cuenta a la hora de determinar si se ha de intervenir, la elección del tipo de tratamiento y cuándo se ha de intervenir. Esto supone una tarea complicada debido a los cambios sistemáticos en los patrones comportamentales y emocionales que se suceden en el curso del desarrollo.
LA INTERACCIÓN - PADRES-HIJOS
Para mantener una buena relación es necesario que la comunicación sea buena y este siempre abierta.
  • Hablar no lo es todo. Es mejor hablar en un tono de voz bajo pero que conlleve una consecuencia real.
  • Las tácticas para desarrollar una buena comunicación deben adaptarse a la edad y madurez del niño/a.
El orden adecuado para fomentar una buena comunicación es pasar de más consecuencias con menos palabras cuando son pequeños, y a más palabras con menos consecuencias a medida que se acerca al periodo de la adolescencia.
En general, lo mejor es usar más DIRECCIÓN con un niño/a pequeño y más COMUNICACIÓN con un niño/a más mayor.
Ejemplo:
Decirle a un niño/a de 2 años que la estufa quema puede llegar a hacerle comprender con el tiempo que no debe tocarla, pero retirar su mano y decide firmemente: ¡NO!, le hace comprender de forma inmediata lo que se pretende. Sin embargo, un adolescente al que se le encuentra bebiendo cerveza o fumando puede necesitar un castigo, pero no servirá de mucho si no se le da información sobre el alcohol y las drogas.

Cómo escuchar a nuestros hijos para que ellos nos comuniquen sus preocupaciones, alegrías, sentimientos...
Observar su comportamiento
Cuando el niño/a empieza a actuar repentinamente de una forma distinta, es muy posible que intente comunicar algo.
Miguel de 8 años se había vuelto destructivo, rompía juguetes y cosas de la casa. Se descubrió que estaba muy preocupado por la salud de su padre, que era precaria, pero de la que nunca se hablo en su presencia. Con ayuda, fue capaz de expresar sus sentimientos y dejar de manifestar sus miedos.

Ayudarle a Expresar sus Emociones.
El proceso de enseñar a un niño/a a definir y expresar sus emociones es lento y supone mucha insistencia.
Con los niños muy pequeños es útil utilizar el "árbol del sentimiento". A medida que el niño/a se hace mayor es útil utilizar expresiones como: "Suena como si estuvieras enfadado con Juan"," Parece que te preocupa algo. ¿Qué crees que es? ",... y fuego tras una corta charla puede lograrse que el niño/a verbalice que está celoso,....
No hay que olvidar tampoco que no sólo se le ha de enseñar a expresar sus sentimientos sino que también se debe añadir una consecuencia a su comportamiento.
Ejemplo:
Javier, de 4 años está intentando encajar dos piezas de un juguete y no lo consigue. Se está enfadando y finalmente lanza el juguete al suelo. Su madre le explica que es normal que se sienta "molesto" y que cuando se sienta así debe pedir ayuda. Pero también añade una consecuencia "cuando tires las cosas así no las volverás a ver en toda la tarde".
Tiempo para Escuchar.
Es muy importante encontrar un rato diario para hablar con nuestros hijos, en el cual nos cuenten lo que les ha pasado durante el día y sus sentimientos, de manera que se sientan libres para darnos detalles.

Algunos consejos:
  • Concierta Citas para hablar. No Olvides Cumplir Las Citas.
  • Préstale la máxima atención. Actúa como si tuvieras todo el tiempo del mundo y como si fuera un amigo tuyo el que tuviera un problema.
  • Inicia la conversación. A veces les cuesta mucho arrancar. Entonces servirán frases como: "Hablemos" o "Dime lo que te preocupa"; a veces, es mucho mejor ser más específico: "Cuando has llegado del colegio parecías muy triste. ¿Me quieres contar qué te ha pasado? ".
    Puede que el niño/a diga que no quiere hablar en ese momento. Entonces respétalo/a y hazle saber que podrás hablar más tarde, cuando esté dispuesto/a.
    También es posible que tu hijo/a necesite un empujón más y que contándole primero un cuento o inventando una historia donde aparezca un niño/a como tu hijo/a, al que le ocurre algo similar... puede que entonces empiece a expresarse.
    Otras veces lo mejor es empezar por sentarse a su lado abrazándole y esperar sin prisa a que arranque.
  • Mantén la conversación viva. Resiste la tentación de resumir lo que cuenta antes de que haya acabado. Evita dar largos discursos, ... Sigue el hilo como un amigo en fugar de un policía haciendo un interrogatorio. Debes aprender a ponerte en su lugar, hacerle saber que entiendes cómo se siente, ponerte a la altura de la visión del mundo que tu hijo/a tiene, que no necesariamente debe ser la "verdad" exacta de lo que ocurrió.
    Finalmente haz saber a tu hijo/a que estás contento/a de que comparta sus sentimientos contigo:" Gracias por contármelo", "me alegro de que me lo cuentes, sé que te habrá costado",... o simplemente un abrazo.
Cómo hablar al niño/a
  • Mírale a los ojos y fomenta que tu hijo/a también te mire así a ti. Si a tu hijo/a le cuesta puede ser útil jugar en otro momento al "Juego de las miradas ".
  • No olvides elogiarle cuando lo haga.
  • Háblale con voz firme y relajada.
  • Utiliza frases sencillas. Y evita discursos.
  • Explica a tu hijo/a los sentimientos que producen en tí sus acciones o actitudes en fugar de criticarle directamente (además de establecer consecuencias cuando sea necesario): "me enfado mucho cuando dejas tus juguetes sin recoger y tengo que recogerlos yo", " me enfado mucho cuando tardas mucho en comer y tengo que esperar para recoger la cocina y no puedo estar luego contigo leyéndote un cuento",...
  • Aprende a utilizar frases en 1a persona en lugar de en 2a. De esta manera se evitan las críticas y culpabilizar al niño/a y no dejas de expresar tus emociones con eficacia.
  • Di lo que piensas y piensa lo que dices.

Cómo entender a nuestros hijos
A continuación ofrecemos algunas ideas que puedan servir de guía para una buena relación padres e hijos:
  • Padres e hijos no son iguales en todos los aspectos. La única diferencia es la natural dependencia del niño en relación con la seguridad, el apoyo y la alimentación, que otorga a los padres una responsabilidad natural sobre amplias áreas de la vida del niño.
  • Los padres que castigan a los niños que no se comportan como se espera de ellos, no son "malos padres". El castigo sólo es malo cuando:
    1. No sirve para cambiar el comportamiento de un niño
    2. Acarrea consecuencias no deseadas para el niño
  • Los padres promueven el sentido de la seguridad en los niños cuando dicen exactamente lo que pretenden, cuando lo dicen claramente y cuando son coherentes y predecibles en su comportamiento.
  • Un niño puede desarrollar su sentido de la responsabilidad sólo cuando se le considera responsable de sus actos. Este sentido de la responsabilidad puede y debe ser enseñado por los padres.
  • La autoridad paterna no tiene porqué ejercerse de manera abusiva, mezquina, dura o dañina para el niño. No obstante, la autoridad corresponde a los padres.
  • La mayor parte de las dificultades entre padres e hijos surgen de la lucha que se establece por disponer de poder y control. Los padres deben saber cómo ganar esta batalla cuando sea necesario, de modo que puedan otorgar poder a sus hijos cuando sea más aconsejable.

Las claves para resolver la mayoría de las dificultades que los padres tienen con sus hijos consisten en establecer unas normas, marcar las consecuencias que se derivan de la ruptura de esas normas y utilizar una disciplina coherente.
Las normas efectivas contribuyen a que el niño se sienta seguro, de modo que no tenga que comportarse mal.
Un conjunto de normas define cuales son las relaciones entre los miembros de la familia, ofrece pautas para tomar decisiones y proporciona ideas sobre cómo deben producirse los cambios dentro de la familia. El procedimiento de establecer normas y límites para los niños no es inamovible pues deben irse ajustando a las circunstancias cambiantes como el crecimiento físico, la maduración intelectual y afectiva y las nuevas condiciones de la vida familiar. Si en la familia no se produce un proceso semejante, El caos resultará inevitable. Todos sus miembros sentirán inseguridad y ansiedad cuando existan falta de entendimiento y confusión en cuanto al papel que cada uno debe jugar para tener un comportamiento adecuado.

Los pasos a seguir para establecer normas son:
A) Observar cuidadosamente a los hijos
La mera presencia de los padres hace que el comportamiento de un niño no sea realmente el que tendría. Para entender esos "otros" comportamientos debemos ser capaces de observar a los niños sin que éstos se den cuenta de nuestra presencia. También preguntar a amigos o parientes qué les parece el comportamiento de su hijo. Cuando se observa a un niño lo que si hay que evitar es la tendencia a ser únicamente las cosas que hace mal, en lugar de observar su comportamiento general.
Una de las principales dificultades que experimentan los padres cuando observan a sus hijos deriva de sus deseos de intervenir en su comportamiento. Si usted quiere que su hijo se comporte "adecuadamente", recuerde que una intervención desafortunada sólo puede conseguir un comportamiento indeseado.

B) Analizar las situaciones problemáticas
En primer lugar, averigüe cual es el problema. La mejor manera de definir un problema es identificar un comportamiento que desee cambiar.
Una de las tentaciones que más frecuentemente sufren los padres al definir un problema consiste en querer modificar el estado emocional o los sentimientos del niño. Lo más eficaz, por el contrario, es tratar de modificar el comportamiento. Si se consigue modificar un comportamiento, la mayoría de las veces cambia también el estado emocional que sustentaba ese comportamiento.
Una vez definido el problema, el paso siguiente será analizarlo. Para hacerlo necesitamos toda la información que podamos reunir: ¿Cuándo ha surgido? ¿Cómo? ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Que parte de él nos corresponde? ¿Cómo reaccionamos? ¿Entendemos porqué reaccionamos de ese modo? ¿Qué nos gustaría hacer? ¿Cómo nos gustaría que se resolviese esta situación por si sola?. Para analizar cada problema lo más conveniente es que los padres, entre sí o con otra persona, sean capaces de hablar.
Tras analizarlo, el siguiente paso consistirá en considerar las distintas posibilidades para poder resolverlo. Después, convendrá revisar cada una de ellas teniendo en cuenta si somos capaces de hacer lo que cada posibilidad exija, las consecuencias probables que ello pueda tener en el niño y en nosotros mismos, y también si la solución es razonable en cuanto se refiere a tiempo, energía y dinero.

C) Establecer las normas
  • Las normas deben ser razonables
  • Los padres deben asegurarse de poder distinguir cuando se ha cumplido la norma y cuando no.
  • Hay que describir las normas con detalle
  • Las normas deben establecer un límite de tiempo
  • Debe existir alguna consecuencia prevista si se rompe el cumplimiento de una norma
D) Ser coherentes al aplicarlas
La coherencia es una manera de informar al niño de que los padres piensan realmente lo que dicen. La aplicación coherente de buenas normas promoverá el orden y la disciplina en la familia, dará seguridad y contribuirá a que todos ofrezcan una mejor disposición.
Cómo tomar decisiones sobre nuestro hijo
Los padres a los que se les hace tan difícil tomar decisiones respecto a sus hijos no tienen confianza en cómo debe actuarse.
Para ciertos padres, cualquier resultado que no sea una comprensión inmediata y espontánea o una respuesta efectiva a las dificultades, es señal de su incapacidad personal. Esto es una auténtica tontería, NADIE HA NACIDO SIENDO PADRE. Por el contrario, ser padre es algo que se aprende.
No resulta sencillo adoptar decisiones sobre cómo proceder con los hijos. Tenemos que hacer lo que podamos con lo que tenemos. Como padre, usted necesitará disponer de tiempo para sentarse tranquilamente a analizar las dificultades de sus hijos y para decidir qué hacer.
Cuando los padres se muestran indecisos en relación con sus hijos, éstos lo perciben y ello afecta a sus sentimientos de seguridad y de bienestar.
Si nos equivocamos al escoger, padres e hijos seguimos juntos y podemos así corregir los errores cometidos en el pasado. Esta voluntad de actuar con decisión, incluso ante la posibilidad de cometer errores, es lo que permite al adulto adquirir cierto grado de confianza, la que a su vez le proporcionará la capacidad de corregir sus errores.
Los padres que se muestran indecisos ofrecen a sus hijos una inmejorable oportunidad para ser caprichosos y dominantes creando un clima de tensión cada vez mayor.
Cuando los padres están además dispuestos a admitir sus errores y a aprender de ellos, también están creando el clima necesario para que los hijos, a su vez, admitan sus propios errores y aprendan de ellos.